Durante los últimos ocho años, el encarecimiento del costo de vida en México se ha incrementado de manera significativa, especialmente al momento de adquirir la canasta alimentaria, lo que ha afectado principalmente a las familias de menores ingresos, de acuerdo con el Boletín de Análisis Económico número 31 de la Escuela de Negocios ITESO.
Entre agosto de 2018 y marzo de 2026, el costo de la canasta alimentaria aumentó 67 por ciento, una cifra superior a la inflación general registrada en el Índice Nacional de Precios al Consumidor (45 por ciento), medido por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
Este incremento implica que hace ocho años una persona en zonas urbanas requería poco más de mil 500 pesos mensuales para cubrir sus necesidades básicas alimentarias y evitar la pobreza extrema por ingresos; actualmente necesita dos mil 571 pesos mensuales.
En el caso de las zonas rurales, una persona requiere mil 940 pesos mensuales para adquirir alimentos básicos, cuando en 2018 necesitaba alrededor de mil 150 pesos.
“Esta brecha evidencia un deterioro más acelerado en el costo de los alimentos respecto al nivel general de precios, lo que afecta de manera desproporcionada el poder adquisitivo de los hogares de menores ingresos, cuya estructura de gasto se concentra en este tipo de bienes”, señala el boletín.
En marzo de 2026, la línea de pobreza extrema por ingresos aumentó 8.1 por ciento anual en zonas urbanas y 7.9 por ciento en zonas rurales, casi el doble del crecimiento de la inflación general (4.59 por ciento).
El alimento con mayor incremento en su precio es el jitomate, que en el último año se encareció 126.3 por ciento en zonas rurales y 28.8 por ciento en zonas urbanas.
Si se considera también la canasta básica no alimentaria —que incluye transporte público, educación, cultura y cuidados personales—, los precios han aumentado 53 por ciento en zonas rurales y 49 por ciento en zonas urbanas desde 2018.
Actualmente, una persona en zonas urbanas requiere ingresos de cuatro mil 940 pesos mensuales para superar la línea de pobreza por ingresos y cubrir necesidades básicas. En 2018, necesitaba tres mil 100 pesos. En zonas rurales, el monto pasó de dos mil 200 a tres mil 553 pesos mensuales.
En el último año, la línea de pobreza por ingresos creció 5.9 por ciento en zonas urbanas y 6.1 por ciento en zonas rurales, tasas ligeramente superiores a la inflación.
Esta situación ha generado mayores presiones sobre las familias de menores recursos para generar ingresos que les permitan alcanzar un nivel mínimo de bienestar.
“En zonas urbanas, una familia de cuatro personas requeriría casi 20 mil pesos mensuales para no estar en pobreza”, explicó Elvira Mireya Pasillas Torres, coordinadora editorial del boletín.
El dato más reciente de inflación general (4.59 por ciento) ya supera el rango objetivo del Banco de México, que es de 3 por ciento ± un punto porcentual. Aunque los alimentos siguen siendo el principal factor de presión en el costo de vida (6.87 por ciento anual), el encarecimiento internacional de los combustibles comienza a impactar negativamente.
“A pesar de los subsidios, hay presiones fuertes en los precios de los energéticos que afectan al transporte, y lo preocupante es que el incremento en el precio de la gasolina genera un efecto en cadena, elevando también los costos logísticos y, en consecuencia, los precios de los alimentos”, explicó Pasillas.
Si bien los estímulos fiscales al precio de la gasolina pueden aliviar temporalmente el gasto de los hogares, también afectan los ingresos tributarios de estados y municipios, que dependen en gran medida del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS).
Se desploma el empleo en Jalisco
El boletín también advierte que Jalisco enfrenta una desaceleración importante en su mercado laboral.
Durante el primer trimestre de 2026, la entidad generó siete mil 657 empleos formales, cifra 73.4 por ciento menor en comparación con el mismo periodo de 2025, cuando se crearon 28 mil 754 puestos de trabajo.
La pérdida de empleos se ha concentrado en sectores como servicios y comercio, mientras que el crecimiento se mantiene únicamente en industrias estacionales como la construcción, impulsada por proyectos relacionados con la próxima Copa Mundial de la FIFA.
Entre enero y marzo de 2026, México generó 207 mil 604 empleos formales, 8.4 por ciento menos que en el mismo periodo de 2025, lo que confirma un mercado laboral más débil y con condiciones de mayor precariedad.
Además, desde noviembre de 2023 a la fecha, el país ha perdido 56 mil 700 registros patronales, es decir, empresas que han cerrado operaciones o se han desvinculado del Instituto Mexicano del Seguro Social.
“Una economía que no fomenta la creación de empleo formal, sin incentivos para que las empresas se mantengan y evitar cierres, perjudica a la economía en general. Hay menos empleos formales, ingresos más precarios, menor consumo y menor producción. Estamos atrapados en un círculo vicioso que no se ve cómo romper”, concluyó Pasillas.
VC
