Investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han desenterrado una ventana al pasado místico y trágico de Tlatelolco. El hallazgo más reciente, derivado de un salvamento arqueológico, revela el entierro de una joven de entre 15 y 17 años junto a su bebé de apenas dos meses. Lo que distingue a este descubrimiento no es solo la antigüedad, sino su profunda carga simbólica: la ubicación y orientación del entierro sugieren que la mujer fue venerada como una cihuateteo, una deidad femenina que, según la cosmogonía mexica, alcanzaba el estatus divino tras morir en la “batalla” del parto.
El arqueólogo Salvador Guilliem, director del Proyecto Tlatelolco, explicó que para esta cultura el nacimiento era un combate donde el bebé representaba un trofeo. Las mujeres que fallecían durante esta lucha eran destinadas a residir en la Casa del Sol, en la parte occidental del cielo. Los restos óseos de la madre mostraron anomalías congénitas vinculadas a la endogamia, como el dens invaginatus (malformación dental) y fusiones vertebrales, mientras que el neonato presentó signos de escorbuto, derivado de una dieta materna basada casi exclusivamente en maíz. Los expertos sugieren que ambos pudieron fallecer por sepsis poco después del alumbramiento.
Más allá de la época prehispánica, el estudio también arrojó luz sobre la historia decimonónica de la Ciudad de México. Entre 2022 y 2025, se localizaron restos de tres mujeres de entre 25 y 39 años inhumadas con sus bebés en lo que fue una fosa común durante la epidemia de cólera de 1833. A diferencia del entierro prehispánico, estos casos reflejan la precariedad de la población pobre del siglo XIX, con restos que muestran huellas de trabajos extenuantes y desnutrición. Sin embargo, el hecho de que los infantes fueran colocados en el regazo de sus madres apunta a una intención de mantener el vínculo eterno, posiblemente tras haber recibido un bautismo de emergencia por parte de las parteras ante el inminente peligro de muerte.
MF
