Reino Unido y Noruega, Francia y los países bálticos: el escándalo en torno al delincuente sexual estadounidense Jeffrey Epstein también está causando revuelo en países europeos. Y nadie sabe qué otras informaciones se revelarán a partir del extenso archivo documental de la Justicia estadounidense sobre el caso Epstein.
El Gobierno alemán observa de cerca el análisis de los archivos Epstein. “Por supuesto, hay un componente político, y por eso se está siguiendo con atención”, declaró el portavoz del Gobierno, Stefan Kornelius. “Vemos lo que sale a la luz en otros países y cómo repercute políticamente allí”, añadió. Berlín está pendiente del debate, y también de la controversia.
Una cosa está clara, y Kornelius también lo ha subrayado: si de los documentos se desprendieran aspectos penales que conciernen a la legislación alemana, la competencia recae en las autoridades investigadoras, y no en el Gobierno federal. “El Gobierno federal no es una autoridad investigadora”, indica. El portavoz gubernamental agregó que, por el momento, no tiene conocimiento de ningún procedimiento penal.
Actualmente, la atención de los medios de comunicación en Alemania se centra en la mención de nombres concretos en los archivos Epstein o en las fotografías correspondientes. Las casas reales británica y noruega están en el centro de los informes y han admitido las referencias a miembros concretos.
Sin embargo, en opinión de los políticos alemanes, una evaluación sistemática de la extensa documentación debería ir más allá de los presuntos contactos de personas concretas. Se trata de determinar si la red y las implicaciones de Epstein ejercieron influencia política o económica.
El diputado Konstantin von Notz, del partido Los Verdes, insta a actuar con rapidez. El Gobierno alemán debe informar en qué medida los servicios de inteligencia alemanes y otras autoridades de seguridad tenían conocimiento de las acciones de Epstein y de las “redes explotadoras, criminales o pedófilas” que había detrás de estas, así como de sus conexiones internacionales, según declaró Von Notz, vicepresidente de la fracción de Los Verdes en el Bundestagal diario alemán Handelsblatt.
Más de tres millones de documentos
El portavoz de política interior de la fracción parlamentaria del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) , Sebastian Fiedler, también se pronunció en el Handelsblatt acerca de las especulaciones sobre una posible actuación de los servicios secretos en este caso. Se refirió a la sospecha expresada por el jefe del Gobierno polaco, Donald Tusk, de que podría tratarse de una operación de influencia rusa. Esto “plantearía numerosas preguntas que también nos afectan aquí”, sostuvo. En vista de las “numerosas interrelaciones en los círculos de poder europeos”, también podrían surgir “interrelaciones en Alemania”, señaló Fiedler.
El tema seguirá ocupando a los expertos durante mucho tiempo y también alimentando las especulaciones políticas. Y es que aún no se han desclasificado todos los documentos, correos electrónicos, fotos y videos de los archivos de la Justicia estadounidense. Además, los aproximadamente tres millones de documentos a los que se puede acceder hasta ahora contienen pasajes tachados en su totalidad. Solo los representantes de la Cámara de Representantes de Estados Unidos pueden consultar ahora los documentos no censurados.
El especialista en ética Peter Dabrock, de la Universidad de Erlangen-Núremberg, hace hincapié en una dimensión social más amplia de los archivos Epstein, más allá del debate incipiente. Los detalles que se van dando a conocer también han provocado en Alemania “una indignación total”. Sin embargo, dada la monstruosa magnitud del caso, es de temer la resignación supere a la posibilidad de una reacción política concreta.
“Repolitización en lugar de indignación total”
Dabrock, que imparte clases de Ética Teológica, y fue presidente del Consejo Ético Alemán entre 2016 y 2020, advirtió en entrevista con DW sobre el debilitamiento de la democracia. El alcance de las noticias y las supuestas referencias de los archivos de Epstein son inquietantes. La gente está cautiva de la indignación, sin que se escuche ningún llamamiento a tomar medidas políticas como consecuencia del escándalo. Según Dabrock, no hay que ceder a esta tentación. Hay que “ver cómo se defiende el Estado de derecho y cómo se logra la repolitización mediante el fortalecimiento del compromiso democrático”.
Se trata de insistir en la transparencia y en los procesos democráticamente legitimados. Hay que tener claro que, aunque la publicación de los archivos Epstein satisfaría formalmente la necesidad de transparencia, de facto, se vería contrarrestada por las extensas tachaduras. Por eso, su publicación es también una llamada de atención para replantearse cómo lograr que la transparencia sea efectiva en la era de la digitalización y la inteligencia artificial.
Jeffrey Epstein (1953-2019), banquero de inversiones, fue condenado por primera vez en 2008 por delitos sexuales. Está acusado de haber abusado de más de 1.000 niñas y mujeres jóvenes durante décadas y, en algunos casos, de haber entregado a algunas de ellas a personas famosas para que fueran abusadas. En 2019, un mes después de su nueva detención, fue encontrado ahorcado en su celda de la prisión de Nueva York. Oficialmente, se quitó la vida, pero las especulaciones sobre las circunstancias de su muerte continúan hasta el día de hoy.
GD
