Policía registra mansión del ex príncipe Andrés un día después de su arresto por caso Epstein

La policía continuaba registrando este viernes la antigua vivienda de Andrés Mountbatten-Windsor, un día después de que el ex príncipe pasó casi 11 horas detenido por presunta conducta indebida en el ejercicio de un cargo público, vinculada a su amistad con el fallecido delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein.

Tras uno de los días más tumultuosos en la historia moderna de la familia real británica, Mountbatten-Windsor regresó a su nueva residencia en la finca de Sandringham, el retiro privado del rey Carlos III, a unos 185 kilómetros (115 millas) al norte de Londres.

La policía ya dio por finalizado el cateo en Wood Farm, donde Mountbatten-Windsor vive mientras espera que su nueva casa, en la cercana Marsh Farm, esté lista.

Las autoridades continúan registrando Royal Lodge, su antigua vivienda de 30 habitaciones en el parque cercano al Castillo de Windsor, al oeste de la capital británica, donde el hermano menor del rey residió durante décadas hasta su desalojo a principios de febrero. Camionetas sin distintivos, que se cree que son vehículos policiales, entraron a los terrenos durante toda la mañana de este viernes.

Mountbatten-Windsor —que fue fotografiado recostado en el asiento trasero de su coche, conducido por un chofer, tras quedar en libertad el jueves por la noche en una comisaría cerca de Sandringham— continúa bajo investigación, lo que significa que la policía del Valle del Támesis —responsable de las zonas al oeste de Londres— no lo ha acusado ni lo ha exonerado.

La detención se produjo tras años de acusaciones sobre su relación con Epstein, quien se quitó la vida en una prisión de Nueva York en 2019. La acusación que motivó el arresto es que Mountbatten-Windsor —que en octubre dejó de ser el príncipe Andrés de Inglaterra cuando su hermano, el rey Carlos III, le retiró los títulos y honores y lo desterró de Royal Lodge — compartió información comercial confidencial con el financiero caído en desgracia cuando era enviado comercial de Reino Unido.

En concreto, correos electrónicos que hizo públicos el mes pasado el Departamento de Justicia de Estados Unidos parecían mostrar que Mountbatten-Windsor compartió reportes de visitas oficiales a Hong Kong, Vietnam y Singapur.

Uno de ellos, fechado en noviembre de 2010, parecía haber sido renviado por Andrew cinco minutos después de recibirlo. Otro, unas semanas más tarde, parecía demostrar que remitió a Epstein un informe confidencial sobre oportunidades de inversión en la reconstrucción de la provincia afgana de Helmand.

La policía del Valle del Támesis ya había indicado previamente que también estaba revisando la denuncia de una una mujer fue víctima de trata y llevada a Reino Unido por Epstein para mantener un encuentro sexual con Andrés. La detención del jueves no estuvo relacionada con ese caso.

Otras fuerzas policiales británicas también están llevando a cabo sus propias investigaciones sobre los vínculos de Epstein con Reino Unido, incluyendo un análisis de los registros de vuelos en aeropuertos grandes y pequeños.

Mountbatten-Windsor ha rechazado constantemente cualquier irregularidad en su relación con Epstein, pero no comentó las acusaciones más recientes surgidas tras la publicación de los llamados archivos de Epstein.

La policía irrumpió en los terrenos de la vivienda de Mountbatten-Windsor para detenerlo a las ocho de la mañana del jueves —el día de su 66º cumpleaños— y lo trasladó a la comisaría de Aylsham para interrogarlo.

Se desconoce el contenido de su declaración. Es posible que no dijera nada o que respondiera “sin comentarios”, como es su derecho.

Los expertos sostienen que la mala conducta en el ejercicio de un cargo público es muy difícil de probar.

“En primer lugar, debe determinarse si Andrés Mountbatten-Windsor ocupaba un puesto dentro del gobierno que encaje con la condición de funcionario público”, explicó Sean Caulfield, abogado penalista de Hodge Jones & Allen. “No existe una definición estándar a la que se pueda recurrir con claridad”.

La Fiscalía de la Corona tendrá la decisión final acerca de la imputación de Mountbatten-Windsor, que sigue ocupando el octavo puesto en la línea de sucesión al trono.

Andrew Gilmore, socio del despacho Grosvenor Law, indicó que la fiscalía seguirá un procedimiento en dos fases conocido como “Código para fiscales de la Corona”.

“Esa prueba consiste en determinar si, basándose en las pruebas, hay más posibilidades reales de obtener una condena que de no obtenerla, y si el asunto es de interés público”, señaló. “Si se cumplen estas dos condiciones, se presentarán cargos y el caso pasará a los tribunales”.

Mountbatten-Windsor fue el primer miembro de la realeza desde el rey Carlos I, hace casi cuatro siglos, en ser detenido. Entonces fue un momento transcendental en la historia británica, que condujo a la guerra civil, la decapitación de Carlos y la abolición temporal de la monarquía.

Su detención es, sin duda, una de las crisis más graves para la Casa de Windsor desde su creación hace más de 100 años. Podría decirse que solo la abdicación del rey Eduardo VIII en 1936 y la muerte de Diana, princesa de Gales, en 1997 han sido tan trascendentales para la institución de la monarquía británica en la era moderna.

Aunque el rey y la familia real sigan con su agenda con normalidad, las preguntas en torno a Mountbatten-Windsor continuarán, entre otras cosas porque es probable que las investigaciones se alarguen en el tiempo.

En un comunicado el jueves, el monarca indicó que “la ley debe seguir su curso”, y que”mientras este proceso continúe, no sería correcto por mi parte hacer más comentarios al respecto”.

Las acusaciones investigadas el jueves son independientes de las formuladas por Virginia Giuffre, quien afirmó que fue víctima de trata y llevada a Reino Unido para mantener relaciones sexuales con el entonces príncipe Andrés en 2001, cuando tenía apenas 17 años. Giuffre se suicidó el año pasado.

A pesar de eso, Amanda Roberts, cuñada de Giuffre, contó que se alegró cuando, a las tres de la madrugada, recibió una llamada telefónica informándole de la detención. Pero esa euforia se disolvió rápidamente al darse cuenta de que no podía compartir con Giuffre esa sensación de “reivindicación”.

“No podemos decirle cuánto la queremos, y que todo lo que estaba haciendo no ha sido en vano”, añadió Roberts entre lágrimas.

JZ

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