Las matronas de corales: científicas en México logran arrecifes más resistentes en sus laboratorios

En el Caribe mexicano, un grupo de científicas y técnicos se sumergen durante la noche en el mar, con lámparas y redes para atrapar óvulos y espermatozoides de corales. Esta captura es la primera etapa de un programa de reproducción de corales, dirigido por la doctora en biología marina Anastazia T. Banaszak, que se ha convertido en un ejemplo exitoso de restauración coralina en el Caribe. Banaszak lo comenzó hace dos décadas y consiste en capturar material genético de cinco especies, reproducirlas en laboratorio y luego integrarlas al océano.

Este proyecto, que surgió en 2007 y que en la actualidad está conformado por 12 investigadores y técnicos, liderados por tres científicas de la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, representa una esperanza frente a la crisis. Los corales a lo largo del Caribe mexicano han mostrado signos de degradación desde la década de 1980. El impacto de los huracanes, las enfermedades, el cambio climático y la mala calidad del agua han reducido drásticamente la cobertura de coral.

Por otra parte, las colonias sanas restantes están dispersas, lo que dificulta la reproducción natural porque los corales dependen de estar juntos para liberar óvulos y esperma de manera sincronizada. Al estar las colonias separadas, los gametos —óvulos y espermas— no coinciden y no se produce fertilización.

Ante esta problemática, las biólogas de este programa fungen como las matronas de la naturaleza. Han logrado reproducir en laboratorio corales que han sobrevivido a enfermedades y ahora pueden reproducirse solos en el mar. También crearon un banco con 2000 muestras de esperma de seis especies y capacitaron a más de 200 personas en estas técnicas.

“Estoy muy orgullosa de poder decir que la mayoría de las personas en mi laboratorio son mujeres. Creo mucho en empoderar a las mujeres y la verdad es que son muy buenas, especialmente en el tema de cría de corales”, dice la investigadora que encabeza el programa. «Es bien sabido que en la conservación son las mujeres quienes lideran, no solo en la comunidad científica, sino también en las comunidades indígenas. No siempre, pero en general, son ellas quienes realizan, lideran y promueven las acciones en diversos ecosistemas», agrega.

Ciclo de reproducción de corales en laboratorio. Las científicas controlan cada etapa desde la fecundación hasta el asentamiento de las larvas en sustratos artificiales.

Un ciclo de reproducción muy cuidado de corales

El proceso para reproducir los corales es largo, requiere mucha preparación y comienza tres meses antes del desove. Banaszak cuenta de memoria todos los pasos. Primero, los investigadores consultan a la doctora en ciencias Vanesa Francisco Ramos para predecir con precisión los meses, días y horas en que los corales liberarán óvulos y espermatozoides. 

Francisco Ramos es una de las tres investigadoras que lideran el programa y se encarga de analizar casi dos décadas de datos sobre desoves de corales recopilados desde el inicio del proyecto. Esa información es clave para predecir con precisión las fechas y horas de reproducción de las colonias.

“La importancia de esto es poder decidir cuándo debemos estar en el agua para colectar [los gametos]. Es muy importante porque si no predecimos bien podemos perder recursos”, comenta Banaszak.

En otro momento de los meses previos, preparan las redes de colecta, reparan aquellas que tengan desperfectos, acondicionan el laboratorio y alistan los sustratos donde más tarde se sembrarán los corales. También organizan los acuarios que funcionarán como “guarderías” de los recién nacidos.

Cuando llega el momento del desove, la coordinación es importante. Se hacen reuniones para asignar equipos mínimos de dos técnicos-buzos a cada sitio y a cada embarcación. Los buzos se sumergen 20 minutos antes de la hora prevista y colocan las redes sobre diferentes colonias de la misma especie.

Luego de que tanto óvulos y espermatozoides quedan atrapados en las redes, todo el material se lleva a las embarcaciones y de allí al laboratorio, donde las muestras se separan. Algunos espermatozoides se destinan a la crioconservación, es decir, se congelan para formar un banco genético disponible para futuras generaciones, y el resto se envía al laboratorio donde se realiza la fecundación, un proceso similar al de la reproducción asistida de los humanos.

Esa etapa, la de reproducción sexual asistida en laboratorio, está a cargo de Sandra Mendoza Quiroz, maestra en ciencias y coordinadora de restauración en SECORE International, una organización dedicada a la conservación y restauración de arrecifes de coral a nivel mundial. Desde 2013, el programa mantiene una alianza con esta organización.

Cuando se logra la reproducción, los investigadores colocan los embriones en incubadoras con agua de mar estéril para que continúen su desarrollo. Ahí crecen poco a poco hasta convertirse en larvas.

Cuando empiezan a nadar, significa que buscan un lugar donde asentarse. Entonces los científicos colocan sustratos artificiales, hechos de concreto o cerámica, dentro de las incubadoras para que puedan fijarse allí. Estos sustratos se acondicionan previamente en el mar para que tengan las condiciones adecuadas para el asentamiento.

Luego, los corales comienzan un proceso clave: establecer una relación de simbiosis con microalgas del grupo Symbiodiniaceae, tal como ocurre en el mar. Se trasladan a acuarios con luz natural donde se controla la temperatura, la salinidad, la calidad del agua, y se les proporciona alimentación adicional para favorecer su crecimiento. Cuando alcanzan uno o dos centímetros, son llevados al arrecife. A estos pequeños corales que son introducidos en el mar, Banaszak los llama “reclutas sexuales” porque son incorporados o “reclutados” al arrecife después de pasar por reproducción sexual asistida.

“Parte del trabajo, que también ha sido muy importante, es decidir dónde sembrarlos para asegurar que tengan mejores posibilidades de sobrevivir”, dice la científica. Para eso es clave entender tanto las condiciones del arrecife como las condiciones que requiere el coral, “porque trabajamos con diferentes especies y cada una es muy diferente”, comenta la coordinadora.

En el programa se reproducen cinco especies de corales, cada una con características y necesidades distintas. Por ejemplo, una especie desova al atardecer, mientras que las demás lo hacen por la noche. Las especies son Acropora palmata, conocida como coral cuerno de alce, por su forma; Diploria labyrinthiformis y Pseudodiploria strigosa, ambas conocidas como corales cerebro; y los corales montañosos Orbicella faveolata y Orbicella annularis.

Aunque los programas de reproducción coralina han tenido avances importantes, garantizar que los corales jóvenes sobrevivan a largo plazo sigue siendo un reto, de acuerdo con un artículo científico publicado en diciembre de 2025 en la revista Frontiers in Ecology and Evolution. Para lograrlo es necesario mejorar cómo se eligen los individuos a plantar y asegurar que los sustratos, las estructuras donde se fijan y crecen los corales, sean estables frente a corrientes y tormentas. Además, la selección de los sitios de siembra sigue siendo clave y aún faltan investigaciones sobre el tema.

El monitoreo, la colecta de gametos y la reintroducción de los corales para el programa se realizan principalmente en el Parque Nacional Arrecife de Puerto Morelos y en la Reserva de la Biosfera Caribe Mexicano, aunque el programa cubre sitios en todo el Caribe mexicano.

-D. N.

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