Fortalecer la musculatura y eliminar la grasa visceral mantiene el cerebro joven

De la herencia romana nos quedó la famosa frase mens sana incorpore sano. Y ya pueden pasar siglos desde que el el poeta Juvenal la usara, que la ciencia solo encuentra nuevos argumentos que la sostienen. El último llega de la reunión anual de radiólogos norteamericanos (RSNA, por sus siglas en inglés).

“Los cuerpos más sanos, con más masa muscular y menos grasa abdominal oculta, son más propensos a tener cerebros más sanos y jóvenes”, afirma, en una nota, el autor principal del estudio, Cyrus Raji, profesor asociado en el Departamento de Radiología del Instituto Mallinckrodt de Radiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington (EEUU).

Su equipo ha trazado un perfil corporal específico: una mayor masa muscular combinada con una menor proporción de grasa visceral (la que rodea a los órganos vitales) se corresponde con una edad cerebral más joven. Este hallazgo se han presentado en la reunión anual de la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA).

Raji asegura que aunque ya es conocido que el envejecimiento cronológico se traduce en pérdida de masa muscular y aumento de la grasa abdominal oculta, “este trabajo demuestra que estas medidas de salud están relacionadas con el propio envejecimiento cerebral”. La investigación pone sobre la mesa la importancia de cuantificar la masa muscular y la masa grasa “para poder emplearlas como indicadores clave de la salud cerebral, según se ha observado con el envejecimiento cerebral”, añade.

Los clínicos combinaron las imágenes de resonancia magnética con secuencias ponderadas en T1, una técnica que produce imágenes en las que la grasa aparece brillante y los fluidos oscuros, lo que permite obtener imágenes óptimas del tejido muscular, graso y cerebral. Asimismo, se utilizó un algoritmo de inteligencia artificial (IA) para cuantificar el volumen muscular total normalizado, la grasa visceral (abdominal oculta), la grasa subcutánea (bajo la piel) y la edad cerebral.

Gracias a estos mecanismos, llegaron a la conclusión de que “los voluntarios con más músculo mostraban cerebros de aspecto más joven, mientras que aquellos con más grasa oculta tenían órganos más envejecidos”, explica Raji. Por otro lado, “la grasa justo debajo de la piel no estaba relacionada con el envejecimiento cerebral”, añade.

De esta forma se pone énfasis en la grasa mala, la que rodea y está más cercana a los órganos vitales, porque se vincula a una mayor edad cerebral. Raji recuerda con ello que “una mejor salud cerebral reduce el riesgo de padecer enfermedades cerebrales en el futuro, como el alzhéimer”.

Hace un año, Raji junto a Mahsa Dolatshahi, investigadora en la misma facultad, ya advirtió en un artículo en The Lancet, sobre cómo la obesidad, la distribución de la grasa corporal y los aspectos metabólicos dañaban el cerebro. Con ayuda también de pruebas de imagen vinculó unos niveles más altos de grasa visceral a un aumento de amiloide cerebral. “Saber que la obesidad visceral afecta negativamente abre la posibilidad de que el tratamiento con modificaciones en el estilo de vida efectivas”, avisó entonces.

Raji asegura que dedicar tiempo a los ejercicios de fuerza, los encargados de desarrollar músculo y reducir la grasa visceral, debería ser un objetivo factible a cualquier edad, ajustando las expectativas. Las resonancias magnéticas de todo el cuerpo y las estimaciones de la edad cerebral mediante IA proporcionan criterios de valoración objetivos para diseñar y supervisar intervenciones, incluidos programas o terapias en estudio que reducen la grasa visceral al tiempo que preservan la masa muscular.

GD

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