Enrique Álvarez
Me salió un Tik Tok de una señorita diciendo: “Ya llego la peor época, donde con las finales de la Champions y el Mundial los hombres se vuelven locos por ver a 22 monitos persiguiendo un balón”.
Ni les voy a decir el nickname de la persona en cuestión. Ya le estaban lloviendo críticas.
Voy a comenzar corrigiendo a esta persona, diciendo que los porteros no corren detrás del balón. Así que no son 22. Pero ni siquiera son los otros 20. Es un esfuerzo coordinado en bloques, siguiendo una estrategia.
Pero, más allá de una estrategia, es una ceremonia de culto en la cual los fieles realizan una celebración pública a través de rituales como cánticos, porras, gritos y aplausos demostrando una pasión a un escudo, colores, esfuerzo y destreza.
Es también una catarsis donde el aficionado expía sus tensiones y se rodea de fe, esperanza, ilusión y deseo.
Es la unión de una comunidad por el logro de un objetivo. Y en casos extremos, es la guerra entre dos bandos cegados por el triunfo.
El futbol llena vacíos, satisface carencias, produce alegría, genera expectativa, detiene países y une a quienes la religión, la política y el amor a dividido.
Patear la pelota es el acto más puro de la infancia. Se realiza en cada casa y en cada escuela. Se inculca como se enseña el respeto. No es exagerado decir que el balón es patrimonio de la humanidad.
Si crees que exagero, AGUÁNTATE, de Abril a Julio estaremos saturados de futbol.
GD
