Durante décadas, los mapas del universo cercano mostraban una inconsistencia: las galaxias vecinas a la Vía Láctea se movían con una “tranquilidad” inexplicable. Ahora, un estudio internacional publicado en Nature Astronomy ha encontrado la pieza que faltaba: vivimos dentro de una lámina cósmica de materia oscura que se extiende por más de 10 megapársecs (unos 30 millones de años luz).
Utilizando el avanzado sistema de simulación BORG (Bayesian Origin Reconstruction from Galaxies), los investigadores lograron reconstruir la historia del Grupo Local. El resultado fue contundente: la masa que nos rodea no es una esfera, sino una estructura aplanada que actúa como un andamio invisible.
Los puntos clave del descubrimiento:
Adiós al modelo esférico: Los modelos tradicionales asumían que la gravedad tiraba de nosotros desde todas direcciones por igual. El nuevo estudio demuestra que la gravedad está concentrada en este “plano” galáctico.
Materia Oscura como arquitecta: Esta lámina no está hecha de estrellas, sino de materia oscura, una sustancia que no emite luz pero que domina el movimiento del universo. La materia visible es solo una pequeña fracción de esta estructura.
El efecto “Repulsión Relativa”: Debido a que la lámina es plana, la masa en los bordes lejanos compensa la atracción del centro, explicando por qué las galaxias cercanas no “caen” hacia nosotros y mantienen un movimiento suave.
Este hallazgo reconcilia por primera vez las mediciones de masa de nuestra galaxia con la velocidad a la que se expande el universo a nuestro alrededor. Como explica el autor principal, Ewoud Wempe, este modelo es finalmente coherente con el modelo cosmológico estándar (ΛCDM), eliminando las tensiones que sugerían que nuestra comprensión de la física podía estar equivocada.
La Vía Láctea no es un náufrago solitario; es parte de una inmensa red organizada que dicta el destino de cada estrella en nuestro vecindario cósmico.
JZ
