Estudio revela que la forma de vivir la pubertad afecta el estrés y la ansiedad en la adultez

Durante años se ha pensado que la pubertad es solo una etapa incómoda que se supera con el tiempo; sin embargo, una investigación reciente demuestra que la forma en que atravesamos esos cambios físicos y emocionales puede seguir influyendo en nuestra salud mental mucho después de haber dejado atrás la adolescencia. El estudio revela que el momento y la experiencia de la pubertad están ligados a cómo las personas manejan el estrés y la ansiedad en la adultez.

La investigación fue realizada por la Universidad de Michigan y publicada en la revista Journal of Affective Disorders. A diferencia de otros trabajos sobre salud mental, esta investigación se propuso observar las emociones tal como ocurren en la vida real, siguiendo a los participantes durante 100 días consecutivos. Cada jornada, los voluntarios reportaron su estado emocional, lo que permitió detectar patrones que suelen pasar desapercibidos en evaluaciones aisladas.

La pubertad como punto de partida emocional:
Uno de los hallazgos centrales del estudio es que la pubertad no es un evento menor ni pasajero. El momento en que ocurre, si fue temprana o tardía en comparación con los pares, puede influir en la estabilidad emocional años después. Según los investigadores, estas experiencias tempranas dejan huellas que afectan la manera en que las personas reaccionan ante la presión cotidiana, la ansiedad y el bajo estado de ánimo en la vida adulta.

El análisis también incorporó una variable clave: la memoria de trabajo, una habilidad cognitiva que permite retener información y utilizarla para resolver problemas o regular emociones. Los resultados mostraron que las emociones diarias no surgen de forma aislada, sino que están moldeadas por la combinación entre capacidades cognitivas y experiencias del desarrollo, como la pubertad.

Diferencias entre hombres y mujeres:
Los datos revelaron contrastes interesantes según el género. Las mujeres que atravesaron la pubertad más tarde y contaban con una memoria de trabajo sólida mostraron mayor estabilidad emocional y menores niveles generales de angustia. En cambio, los hombres que maduraron antes de lo habitual y presentaban una memoria de trabajo más limitada tendieron a experimentar mayores altibajos emocionales, especialmente en lo relacionado con la ansiedad.

Estos resultados desafían algunas creencias previas. Tradicionalmente, se ha asociado la pubertad temprana en mujeres y la tardía en hombres con mayores riesgos emocionales; sin embargo, el estudio sugiere que no solo importa el nivel de malestar, sino también qué tanto varía de un día a otro. Esa inestabilidad emocional puede ser igual o incluso más relevante que la intensidad del estrés.

Emociones que cambian día a día:
Para los investigadores, observar las emociones diariamente fue clave. Una sola encuesta suele basarse en recuerdos generales y puede estar sesgada por el estado de ánimo del momento. En cambio, el seguimiento diario permitió detectar cómo la angustia, la preocupación, la irritabilidad o la autoculpa suben y bajan con el paso de los días, afectando la rutina laboral, las relaciones personales y la manera de enfrentar los problemas.

En el caso de los hombres, el estudio también destacó variaciones importantes en la ansiedad física, como palpitaciones, tensión en el pecho o sensación constante de alerta. Estos síntomas, al fluctuar de manera impredecible, pueden hacer que la vida cotidiana se perciba como más agotadora y difícil de manejar.

Las autoras del estudio subrayan que la pubertad no determina por completo la salud mental en la adultez. Factores biológicos, psicológicos y sociales también juegan un papel fundamental. Sin embargo, comprender cómo se vivieron esos años de cambios puede ayudar a explicar por qué algunas personas son más sensibles al estrés o experimentan emociones más inestables.

Lejos de ser una sentencia, estos hallazgos abren la puerta a una mirada más amplia sobre la salud mental. Reconocer que ciertas experiencias tempranas influyen en el presente permite desarrollar estrategias más empáticas y efectivas para afrontar la ansiedad y el estrés, tanto a nivel personal como en el ámbito clínico.

El estudio, financiado con fondos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, invita a replantear la forma en que se entiende el bienestar emocional. La pubertad, muchas veces recordada con incomodidad o silencio, emerge como una pieza clave del rompecabezas emocional que seguimos armando en la adultez. Entenderla no solo ayuda a explicar el pasado, sino también a cuidar mejor la salud mental en el presente.

GD

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