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Una vez más, en la ciudad suiza de Davos se congrega la crema y nata de la oligarquía internacional y, a sus pies, buena parte de los gerentes (disfrazados de “líderes” políticos) que le sirven y le procuran mayores haberes, de por sí abundantes. A la par, y muy alejada de ese paraíso, gran parte de la humanidad pasa hambre y afronta un sinnúmero de carencias sin que nadie muestre interés en cuando menos aligerar la brutal diferencia, por mucho que se trate de uno de los más lacerantes problemas globales, promovido por el modelo de apartheid económico y social que impera: la hiperconcentración del ingreso y la riqueza, por un lado, y la creciente miseria de miles de millones, por la otra, que se acentúa año tras año.

El reciente informe de la organización Oxfam da cuenta de ello: en 2025, la riqueza de los grandes millonarios del mundo creció tres veces más rápido que en los últimos cinco años, con peligrosas consecuencias para las democracias; el caso del presidente Donald Trump en Estados Unidos es el ejemplo más claro de cómo el poder económico ha tomado el control político para impulsar agendas regresivas que benefician a un puñado de magnates; el auge de las oligarquías impacta negativamente en todas las sociedades del mundo ( La Jornada, dora Villanueva).

Algo más: desde que ( fuck) Trump ocupa la Casa Blanca por segunda ocasión, la riqueza conjunta de quienes poseen miles de millones de dólares creció más de 16 por ciento, y alcanzó un máximo histórico de 18.3 billones de dólares en el último año, debido, en parte, a la contribución de Estados Unidos a esta lista de acumuladores, arropados por una administración que redujo impuestos a los superricos, bloqueó avances en cooperación fiscal internacional, revirtió esfuerzos contra el poder de los monopolios y empujó el valor de las acciones ligadas a la inteligencia artificial (ídem).

Paralelamente, advierte la organización, casi la mitad de la población mundial en pobreza (con un ingreso menor a 8.3 dólares por día) y una cuarta parte con hambre moderada o grave, el problema ya no se limita al poder de mercado de los magnates y sus empresas ni en la creciente desigualdad, sino en la toma del poder político que legitima agendas regresivas para la mayoría de la población, es decir, en la compra de la democracia, señala el informe global Contra el imperio de los más ricos; Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios ( ibidem).

Y lo que revela Oxfam resulta terrorífico: los 12 magnates más acaudalados del mundo concentran mayor riqueza que la mitad más pobre de la población mundial (alrededor de 4 mil millones de personas). Además, un ultrahiperrico tiene 4 mil veces más probabilidades de ocupar un cargo político que cualquier otra persona. “Las personas más acaudaladas del mundo han construido su poder político principalmente de tres formas: comprando apoyo, invirtiendo en legitimar el poder de las élites y garantizándose un acceso directo a las instituciones”, advierte.

Y en el caso de la históricamente exprimida América Latina el panorama no es diferente: en el último año, la riqueza conjunta de los magnates regionales creció 39 por ciento, 16 veces más rápido que el crecimiento económico de dicha zona, en la que “se ha consolidado una élite cuya prosperidad avanza al margen y a costa del resto de la sociedad”. Actualmente hay 109 latinoamericanos con grandes fortunas, 14 más que a finales de 2024, y concentran una riqueza conjunta de 622 mil millones de dólares. “Este desequilibrio perpetúa élites que compran influencia política y reproducen la desigualdad por generaciones, condicionando decisiones públicas y limitando los recursos en beneficio de las mayorías”.

De ese micro universo latinoamericano, 22 son mexicanos, apellidos que se repiten una y otra vez a lo largo de al menos tres décadas, aunque algunas de esas fortunas vienen desde tiempos de Miguel Alemán y aumentan generación tras generación, como en el caso de las familias Larrea y Bailleres. Pero no son las únicas: están los “nuevos ricos”, como Carlos Slim, cuyos haberes se han incrementado en alrededor de 6 mil por ciento del salinato a la fecha, y contando.

Así, mientras no se erradique el modelo de apartheid económico y social, solo se profundizará la de por sí brutal concentración del ingreso y la riqueza, ni la perversa compraventa del poder político.

Las rebanadas del pastel

Por cierto, Slim suma otra petrolera a sus innumerables haberes: Fieldwood (que opera en el sureste mexicano), hasta ahora propiedad del gigante ruso Lukoil. ¿Algo más se le ofrece al señor?

JZ

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