Delcy Rodríguez cumple 15 días al frente de Venezuela. Lo hace bajo el cuidado título de “presidenta interina” sobre el cual fue ungida tras la caída de Nicolás Maduro, el dictador narco. La denominación vale tanto para la Constitución chavista como para la administración Trump.
La actual jerarca del régimen sabe, sin embargo, que ese diploma debe refrendarlo una y otra vez. Sobre todo en la Casa Blanca. El 14 de enero, hace apenas seis días, Rodríguez mantuvo una charla telefónica con Donald Trump, quien celebró la comunicación en Truth, su red social. Horas después, el presidente norteamericano recibiría a María Corina Machado, la líder inalterable del pueblo venezolano. Trump dijo que fue un “gran honor” conocer a una “mujer maravillosa” como ella.
Durante su estadía en Washington, MCM se reunió con varios funcionarios. La Premio Nobel de la Paz entiende que, por el momento, el camino para la recuperación democrática de Venezuela será largo y quizás con algunos sinsabores. Cargado de espinas.
Pero es Delcy quien hoy tiene el mayor de los desafíos. Este se encuentra por encima y más allá del petróleo, los minerales, los recursos naturales e incluso la restauración de la democracia y sus instituciones. O, quizás, ese reto sea angular para que todos los demás funcionen, renazcan. Delcy debe terminar con el narcoestado consolidado en los años de Maduro y sus cómplices.
Estados Unidos y sus aliados prometieron todo su apoyo y los recursos necesarios para que Rodríguez no sea recordada como la heredera del dictador sino que pase a la historia nacional como el puente entre la más cruel de las dictaduras latinoamericanas de los últimos 40 años y una democracia plena, con instituciones creíbles y sólidas.
En asistencia permanente a la experimentada dirigente chavista estará su hermano, Jorge Rodríguez, pieza clave en este puzzle con piezas que todavía no encajan entre sí. El titular de la Asamblea Nacional es, quizás, el recurso más valioso del antiguo régimen que puede actuar como interlocutor con Washington. Es, además, quien siempre propuso a la actual comandante en jefe como la opción más racional a una salida ordenada de la dictadura.
“Estamos logrando avances extraordinarios mientras ayudamos a Venezuela a estabilizarse y recuperarse”, dijo Trump tras colgar su teléfono con Rodríguez, la “interina”.
Esos avances deberán multiplicarse: en los próximos días, además de continuar con el exasperante y dramático goteo en la liberación de rehenes -Nota al medio: ¿existe una restricción médico/alimentaria que impida la apertura total de los centros clandestinos? ¿El régimen quiere poner en condiciones a algunos de sus prisioneros antes de que vean nuevamente la luz?-, de su apertura diplomática y sus contratos petroleros, la administración actual debería dar nuevas señales concretas de su lucha contra el narcotráfico.
Esa tarea es la que más se observa desde Washington y el resto de América Latina. Delcy Rodríguez deberá presentar pruebas de que las estructuras narco que contaminaron y administraron el país durante dos décadas están en vías de extinción. ¿Cómo hará la interina para desarticular una geología criminal como la del Cartel de los Soles?
¿Un logro significativo en esta materia proporcionaría a Delcy Rodríguez la posibilidad de reivindicarse ante el pueblo venezolano? Es difícil de pronosticar; muy difícil. La líder chavista formó parte de la estructura que hasta hace apenas 20 días sometía a su población al sombrío refugio de la resignación. Pero conseguir eliminar al narco de las entrañas del poder sí le daría oxígeno internacional y podría soñar con un indulto de la historia, aunque sea temprano para predecir.
El futuro humano, político, económico, social e institucional de Venezuela depende hoy -fácticamente- de lo que pueda lograr Delcy Rodríguez para deshacer la influencia interna de los carteles de la droga. Sus próximas semanas y meses no solo sellarán su suerte como “interina”, sino que también definirán la de los venezolanos que hoy viven en el país y la de aquellos que sueñan con retornar alguna vez.
Pero para conseguir el crédito de confianza del resto del mundo y lograr que la historia algún día la absuelva -en términos del dictador cubano Fidel Castro-, Delcy deberá ser implacable con aquellos que la desafíen y que pretendan sostener el narco régimen que existía hasta el sábado 3 de enero. Mantener el statu quo e intentar engañar al mundo será su perdición definitiva.
Ya no hay espacio para engaños, dilaciones, ni para narcos en Venezuela. Ese tiempo quedó atrás. La nueva era se avecina, aunque parezca en cámara lenta.
JZ
