Marx Arriaga aguantó en su puesto de director general de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) la tremenda oleada de críticas y demandas judiciales que embistieron a los libros de texto de la llamada Nueva Escuela Mexicana. Sin embargo, no ha podido mantenerlo tras negarle a la presidenta Claudia Sheinbaum hacer unas modificaciones sobre el papel que tuvieron las mujeres en la historia del país. El viernes, la SEP anunció el despido del funcionario, que en un giro improvisto, en vez de aceptarlo, decidió atrincherarse en su despacho y convertirse en el protagonista de la última polémica de Morena. La Secretaría ha nombrado a la pedagoga y poeta indígena Nadia López para el cargo.
En 2022, Andrés Manuel López Obrador anunció la creación de la Nueva Escuela Mexicana. La educación, siempre un flanco vulnerable en los cambios de Gobierno, veía así su enésima reforma un poco antes del final del sexenio. La idea dentro del nuevo modelo educativo era que la SEP estuviera encargada de delinear de forma general los contenidos, pero que los docentes y los consejos técnicos escolares tuvieran autonomía para diseñar los programas, según el plantel y los avances de los alumnos de cada curso. Además, la estrategia buscaba derribar “la lógica colonial”, según el Gobierno, que había imperado hasta entonces en los libros de textos: “El dominio económico, como la apropiación de la tierra y la explotación humana; el dominio político, que comprende el control de las autoridades; el dominio social, representado por el control del género, la clase social, la sexualidad, la condición étnica”.
El nuevo modelo provocó algunas réplicas, pero ninguna como la que trajo la modificación de los libros. Académicos, organizaciones educativas y familiares denunciaron que los materiales contenían errores, estaban ideologizados y presentaban deficiencias en campos como las matemáticas o la literatura universal. El arranque del curso de 2023 estuvo marcado por las críticas, las demandas judiciales, la negativa de gobernadores de la oposición a distribuirlos en sus entidades e incluso por la quema de los libros en algunas localidades.
Sin embargo, ninguna de estas arremetidas movió un ápice la postura de Marx Arriaga, quien defendió que, durante 18 meses, un equipo formado por miles de personas de pueblos indígenas y afromexicanos, el magisterio nacional y de la comunidad académica habían participado en la propuesta. Entre las críticas se encontraban errores como un diagrama que presentaba a Marte más cerca del Sol que la Tierra o que una fracción de tres cuartos era mayor que cinco sextos. También se criticaron algunos señalamientos por su presunta tendencia ideológica como que un libro de secundaria incluyera que “los Rabfak, las escuelas para trabajadores en la extinta Unión Soviética, fueron considerados espacios del conocimiento, se sueña con que las secundarias mexicanas, junto con sus libros de texto, alcancen esa cualidad”; o que Lorenzo Córdova, exconsejero del INE y adversario político de López Obrador, fuera mencionado como ejemplo de discriminación a grupos indígenas (Córdova ganó el pasado agosto un amparo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que obligó a la SEP a quitar su mención).
Arriaga, cercano a Beatriz Gutiérrez Müller, fue protegido por López Obrador, quien decidió continuar con la impresión de los libros pese a las denuncias judiciales. “En la mayoría de los casos [los críticos de los libros] ni siquiera los han leído. Pueden ser perfectibles, pero están bien hechos”, dijo en una de sus Mañaneras: “Es un rechazo por consigna y sobre todo por la carga ideológica, es mucho el conservadurismo. Ven comunistas por todos lados, así como los ovnis”. El presidente llegó a anunciar conferencias semanales para explicar cómo se habían elaborado los libros para atajar la polémica. “Teníamos que frenar la privatización del libro de texto. El libro era un negocio y beneficiaba a algunas editoriales, para eso servía el libro de texto. Ahora los regresamos a los años dorados donde ya no es un negocio, son el tesoro de la SEP”, señaló Arriaga. Ese mismo tesoro es el que le ha costado ahora su salida.
Así lo ha revelado la presidenta: “No estaba de acuerdo en que hubiera ninguna modificación a los libros. Entonces, ahí hubo un primer desencuentro, por decirlo así”. Sheinbaum ha recordado que los libros “no son patrimonio de una sola persona”. A cambio de que los soltara, el Gobierno ofreció a Arriaga incluso irse a un consulado. Sin embargo, el ahora exfuncionario decidió echar un pulso al Gobierno. La polémica de los libros terminará ahora, después de dos años y medio, cuando el exdirector de Materiales Educativos decida salir por última vez de la Secretaría de Educación.
JZ
